domingo, 5 de enero de 2014

Razonamiento Verbal Historia

Historia del Razonamiento Verbal
El cambio es un fenómeno constante en el desarrollo histórico y social del hombre, que se evidencia, incluso, en el lenguaje que utilizamos. En épocas pasadas, la cantidad de vocablos empleados en la expresión cotidiana era más limitada. El advenimiento de nuevos sucesos, el surgimiento de nuevas realidades y el despliegue de la actividad científica y artística, hicieron que la cantidad de palabras empleadas en la comunicación se incrementara, pues había necesidad de designar a las nuevas realidades con nuevos nombres. Como el mundo se tornaba cada vez más variado y complejo, el hombre necesitaba, más que antes, hacer un uso apropiado y preciso del lenguaje para expresar adecuadamente sus pensamientos, sentimientos e impresiones. Actualmente, para transmitir un buen mensaje, debemos elegir de entre varias palabras de significados parecidos, aquellas que nos permitan comunicarnos con mayor precisión

Veamos con mayor detalle cómo es que la aparición de nuevos vocablos enriquece el idioma y da lugar a la sinonimia. Uno de los casos más elocuentes es el de la aparición de la palabra amnistía, cuyo origen se remonta a lo sucedido en Grecia, muchos siglos atrás. Ocurre que, habiendo Trasíbulo vencido a los treinta tiranos que esclavizaron a su patria, Atenas, hizo decretar una ley, por la cual se dispuso que ningún ciudadano podía ser perseguido por los delitos políticos cometidos durante la tiranía, declarando el olvido general de ellos. Se exceptuaban de esta consideración los tiranos, que sí merecían sanción por su comportamiento condenable. El nombre de esta ley era "amnesia" (amnestía), del cual proviene la palabra amnistía. Es el primer decreto jurídico de omisión de culpa que registra la historia. Notemos que la amnistía indica el olvido y perdón de los delitos políticos, que por lo común sólo suelen considerarse corno tales durante el período en que hay disturbios internos en un país. Por esa razón, las personas que los cometen no son consideradas delincuentes comunes debido a que, en condiciones normales, no serían capaces de incurrir en algún crimen o acto deshonroso.
Con el ejemplo anterior, vamos constatando que cada término que aparece sirve para designar un nuevo aspecto de la realidad, dando lugar a una gama o variedad de vocablos conocidos con el nombre de sinónimos. Entendemos que antes del vocablo amnistía ya existía el término perdón, y ambos, junto al vocablo Indulto, constituyen palabras con significados semejantes o parecidos.

Otro caso interesante como el anterior es el de la palabra censura, que viene de "census" que, entre los romanos, era la auténtica declaración que los ciudadanos hacían de sus nombres, residencia, familia y bienes ante los censores o censetores. Esta institución de los censores, tan necesaria y útil en una república, tiene su origen en el tiempo de los reyes, pues se debe a Servio Tulio VI, quien, entre otras disposiciones importantes, oficializó la división del pueblo en clases, creó las centurias y estableció los censores.
Tantas eran las facultades que se le fueron delegando a los censores que, en un momento de la historia, tenían poder para reprender y castigar hasta a los mismos senadores, privándoles de su dignidad; podían separar del orden ecuestre a los caballeros, quitándoles el caballo y las armas que les concedía la república; también podían mudar de una tribu elevada a otra inferior, a las populares, privándoles del derecho de elegir y votar, por lo que venía a ser muy grande su influjo en los negocios públicos y en el gobierno de la nación.
El término censor, en el uso común, se ha reducido a la censura de las costumbres públicas, y en especial, al examen, juicio y corrección de los libros o demás publicaciones, aprobándolos o desaprobándolos. De allí que la palabra censura actualmente signifique "acción y efecto de juzgar el valor de algo - particularmente, de escritos, filmes, noticias, etc. —desde un punto de vista político o moral, para decidir si puede publicarse, explicarse o propalarse". Por ejemplo, se puede decir: "la censura suprimió varias escenas del filme" o "el público censuró su actuación con silbidos". Analizando el término censura podemos comprender dos cosas: primero, cómo las palabras emergen de la misma realidad en que vivimos y, en virtud de la necesidad de la propia comunidad hablante, se convierten en instrumentos útiles para la comunicación humana. Segundo, cómo los significados de las palabras van evolucionando al ritmo de los cambios que se producen en la realidad; esto confirma la vigencia del principio general que enuncia la permanente transformación de todo lo existente.
Conforme iba transcurriendo el tiempo y desarrollándose la civilización, paralelamente se fue enriqueciendo el lenguaje. Cada experiencia, cada suceso, cada invento se iba constituyendo, al menos potencialmente, en fuente de nuevos términos para el idioma. Cuanto más importantes son los acontecimientos, mayor es su repercusión en la innovación del lenguaje y, por ende, en la aparición de nuevos vocablos. El singular caso de la revolución industrial nos permitirá explicar con claridad esta afirmación. Veamos cómo este acontecimiento histórico incidió tanto en la aparición como en la modificación de algunos vocablos que hoy cotidianamente empleamos.
Entre 1789 y 1848, por el influjo de la revolución industrial y como reflejo de la misma realidad, se inventaron muchos términos y adquirieron un significado moderno otros tantos. Entre ellos están los vocablos: industria, fabril, capitalismo, socialismo, aristocracia, ferrocarril, liberal, etc. En el ámbito intelectual, tenemos: ingeniero, sociología, periodismo, estadística. También surgieron otros, como huelga, depauperación, utilitarismo, los cuales fueron acuñados o adoptados en dicha época. Imaginar el mundo moderno sin estas palabras sería realmente difícil.

Lo explicado líneas arriba nos permite comprender la tesis según la cual las palabras son el reflejo del mundo cambiante en que vivimos; por ello, debemos ser conscientes de que las palabras, cada vez más enriquecedoras del idioma, surgen de la realidad por muy variadas razones. Así, por ejemplo, dada la repercusión que puede tener un personaje en la historia debido a sus singulares méritos o defectos, surgen palabras como platónico, draconiano, maquiavélico y dantesco, (provenientes de Platón, Dracón, Maquiavelo y Dante, respectivamente), entre otras muchas. Pueden también surgir las palabras como reflejo de la existencia de corrientes de pensamiento, acciones o actitudes de carácter particular, como es el caso de los términos iconoclasta, mecenas y estoico (cuyos significados son "destructor de imágenes", "protector de artistas" y "partidario del estoicismo", respectivamente); o pueden emerger haciendo alusión a algún comportamiento propio de una zona o región territorial, como es el caso de los términos sodomita, lacónico y sibarita (de las ciudades de Sodoma, Laconia y Sibaris, correspondientemente). Antes de que surjan estos términos, ya existían otros vigentes, que designaban aspectos similares de la realidad. Por ejemplo, el término aristócrata surge como sinónimo de noble, ilustre, distinguido; draconiano surge como sinónimo de severo, drástico, inmisericorde. Platónico, como sinónimo de idealista, soñador, iluso. Como se puede apreciar, las razones por las cuales aparecen las palabras son múltiples.
En conclusión, las palabras son las herramientas indispensables de todo hablante. Por consiguiente, estudiarlas, conocerlas y usarlas adecuadamente hacen posible ejercer con inteligencia el acto comunicativo: así como un ebanista talla la madera con maestría, gracias a su creatividad y a la gran variedad de herramientas específicas de las que dispone, de modo similar, el hablante elabora con precisión y corrección frases coherentes, gracias a la diversidad de vocablos que conoce y emplea, es decir, gracias a la riqueza de su léxico; de ahí la importancia del estudio del Razonamiento Verbal.

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